La gravedad del derrame de petróleo en el golfo de México crece en tamaño, así como la preocupación y medidas del gobierno de EE. UU. para detener esta catástrofe ambiental.
La jefa de la Agencia de Protección Ambiental del Gobierno (EPA, por su sigla en inglés), Lisa Jackson, planea ir al golfo de México para supervisar la respuesta del organismo, mientras el secretario del Interior, Ken Salazar, viajó ayer al Centro de Comando de la empresa petrolera BP (responsable del derrame) en Houston para informarse de las tareas.
Ambas misiones subrayan la creciente apuesta económica y política del gobierno de Barack Obama ante el desastre ambiental que empeora a cada momento mientras el petróleo fluye desde un pozo roto en el lecho marino.
Al término de su visita, Salazar expresó que Estados Unidos apartará a BP de las operaciones para frenar la fuga tóxica si determina que la firma no está actuando como se requiere.
El Gobierno enfrenta cada día más presión política y de la opinión pública para que asuma toda de la operación de contención en medio de crecientes críticas contra la empresa británica.
Desde una explosión el 20 de abril en una plataforma petrolera de BP, al menos unos 5.000 barriles de crudo son vertidos diariamente en las aguas del golfo de México.
GP ha intentado diversos métodos para contener la fuga, pero sus esfuerzos han sido vanos.
El director de gestión de British Petroleum (BP), Robert Dudley, reconoció que el vertido es “una catástrofe”.
“Estoy enojado y frustrado de que BP haya sido incapaz de frenar la fuga de este petróleo y frenar la expansión de la contaminación. Llevamos 33 días en este esfuerzo y ha pasado plazo tras plazo”, dijo Salazar, quien también señaló que BP había acordado pagar los costos de limpieza más allá de los $75 millones de límite exigible establecidos por la actual ley estadounidense.
El sábado, Obama anunció una comisión que investigará todo el caso y, de paso, hizo su primera referencia a la posibilidad de una investigación criminal separada.
BP no tuvo comentarios inmediatos sobre las palabras de Obama que la culpaban por el desastre. Aun así, el presidente ejecutivo de la compañía, Tony Hayward, dijo que acogía el establecimiento de la comisión y se comprometió a trabajar con sus integrantes.
Más de 39 millones de litros de agua llena de petróleo fueron recobradas y se han realizado quemas controladas que también han logrado remover algo del crudo.
Impacto ambiental. La presión es enorme pues el derrame amenaza los humedales de las tierras bajas, donde la recuperación es casi imposible y el impacto será devastador, según expertos. Por ello, se aprobó el uso de químicos dispersantes para intentar mantener la mayor parte del petróleo lejos de la costa.
El desastre, sin embargo, quedó de manifiesto el sábado, cuando una colonia de pelícanos en una isla frente a la costa de Luisiana se vio cubierta de petróleo.
No solo las aves estaban manchadas, sino también sus huevos. Sus nidos se encuentran en manglares que ya han sido alcanzados por el crudo. Un grupo de trabajadores había rodeado la isla con barreras que permiten limitar el petróleo, pero varios chorros se habían filtrado entre ellas.
Otro problema que se suma a la crisis es que nadie sabe a ciencia cierta cuánta cantidad de petróleo se derramó.
En un comienzo, BP y las agencias federales que enfrentan el problema afirmaron que se vertían diariamente unos 1.000 barriles por día, luego rápidamente ajustaron la cifra a 5.000 barriles (unos 800.000 litros), debido a que el tamaño de la fisura se agrandó exponencialmente.
Muchos creen que este es el peor derrame en la historia de EE. UU., al eclipsar incluso el del Exxon Valdez en Alaska, en 1989.
Fuentes: EFE
Reuters
AFP





